¿Cómo puedo educar en inteligencia emocional? Las emociones, el diálogo y la confianza.

Educar en Inteligencia Emocional es uno de los grandes objetivos de casi todos los padres y madres. Cuando hablamos de inteligencia emocional nos referimos a la capacidad de autorregularse emocionalmente, comprender y canalizar tus emociones,  relacionarte con los demás de manera sana y ser capaz de resolver tus problemas y pedir ayuda.

Este objetivo puede parecer muy difícil o algo a alcanzar a muy a largo plazo. Es la razón por la que muchos padres no abordan estas enseñanzas desde la primera infancia y esperan a etapas de la adolescencia para abrir el cajón desastre de la emocionalidad.

Siempre debemos tener en cuenta que las habilidades se desarrollan poquito a poquito, y si este aprendizaje lo hacemos desde la infancia garantizamos que los niños lo tengan completamente integrado en su personalidad y comportamiento natural.

 

¿Cómo hago para que mi hijo aprenda a calmarse? Enséñale las emociones en casa

El primer paso es enseñar y aprender las emociones en casa. Las emociones son la respuesta que tiene nuestro organismo como fruto de la interacción con el medio externo y con nosotros mismos. Es absolutamente conveniente que los niños comiencen a conocer las emociones desde bien pequeños, es un regalo para su futuro. 

Te ofrecemos unos sencillos pasos para lograrlo:

  1. Utilizar cuentos en casa y libros para conocer las emociones, sus nombres y funciones es básico. Además, empleando esta  manera lúdica y divertida será más efectivo para que puedan llegar a conocer las emociones e interiorizarlas en su vocabulario habitual.
  2. Un juego divertido es nombrar tres situaciones que nos genera cada emoción. Así podemos comprender qué circunstancias nos despiertan esa respuesta, tanto a ti mismo como al resto de los miembros de tu familia. Haciendo esto, además desarrollamos la empatía porque conocemos cómo reaccionan los demás.
  3. A continuación, podemos hacer un dibujo por cada emoción y colocarlos en un mural bonito dónde todos podamos verlo (el pasillo de casa o la cocina sería un lugar idóneo). 
  4. Cuando cualquiera de nosotros siente alguna de estas emociones, puede señalar el dibujo correspondiente. Muchas veces son emociones algo más complejas y tener este mural de emociones nos puede ayudar a descubrirlas. Por ejemplo, cuando un niño siente frustración suele decir que está enfadado, pero con ayuda del adulto, el niño puede llegar a descubrir esta nueva emoción.
  5. Con el tiempo podemos ir añadiendo post-it, carteles, bocadillos, etc, donde cada miembro proponga algún truco que le ha ayudado a gestionar mejor cada emoción.  De esta manera, nos ayudamos unos a los otros a poder regularnos mejor y a convivir en un diálogo emocional.
  6. Está fenomenal que enseñemos a los niños las emociones, pero no debemos olvidar que los padres son el espejo regulador emocional de los hijos. Los padres también deben colaborar en el mural, escribiendo sus situaciones y los tips o resultados que han logrado.

 

¿Cómo consigo que mi hijo confíe en mi? Establecer un vínculo de confianza.

Si nuestro deseo es que nuestro hijo pueda confiar en nosotros, que nos cuente sus problemas con los amigos o si ha suspendido el último examen, tenemos que demostrarle que puede confiar en nosotros.

La confianza se basa en la ley de la reciprocidad.

  • Si quieres que te atienda:  muéstrale atención.

Si quieres que tu hijo comparta contigo sus problemas, no te muestres hermético o distante. Debes estar siempre accesible, independientemente de las circunstancias. El mejor mensaje que le puedes transmitir es “yo siempre estoy para ti”.

 

  • Si quieres que te escuche: escúchale tú.

Enseña tus hijos desde que son bien pequeños lo importante qué es que te tengan en cuenta y que escuchen tus problemas o tus circunstancia. Sus juegos del patio, cumpleaños de amigos o la obra de teatro del cole para ellos es lo más importante. No le quites valor.

Si tú les escuchas y le das valor a lo que te cuentan, ellos también te escucharán cuando tengas algo que decirles.

  • Si quieres que te hable: háblale tú

Relacionado con lo que hemos hablado antes, no tengas miedo en mostrarte humano y abrirte a tus hijos. Solo si se ha establecido un clima de confianza, los niños aprenden a expresarse.

 

¿Cómo debo hablar a mi hijos? ¿Qué cosas les debo contar?

No hace ningún bien mostrar una imagen de paternidad o maternidad perfecta, en la cual las emociones y los problemas no pasan por nosotros. Demostrar vulnerabilidad no significa demostrar ni debilidad o falta de autoridad.

Lógicamente, esto no significa tener que hacer participe a los hijos de la totalidad de nuestros problemas. Mostrar desbordamiento ante cualquier situación negativa o de estrés no genera confianza en los niños. Ellos esperan que mantengas el control ante las situaciones desagradables e inciertas. Tú eres su protección y protector.

Sin embargo, poder expresar a tus hijos pequeñas dificultades o problemas de tu día a día (como por ejemplo, del trabajo) puede ser la mejor guía para enseñarles cómo se puede resolver los problemas y cómo los momentos menos agradables forman parte de la vida.

Por supuesto esto siempre debe estar adecuado a la edad y las circunstancias del niño.

 

¿Cómo imponer castigos y premios? ¿Los castigos son buenos?

Siempre nos preguntan cómo utilizar los premios y los castigos con los niños pequeños. Lo único que podemos decir con certeza es que los castigos no son educativos.

El castigo consiste en retirar algo placentero al niño (por ejemplo castigarle sin televisión), o imponerle una consecuencia desagradable (tener que limpiar solo la habitación). Los castigos se imponen en un momento de desesperación de los padres, que hartos y llevados por el enfado, terminan haciendo uso de las amenazas y castigos.

El objetivo que se busca es que pueda aprender que ese comportamiento es erróneo y que está mal. Sin embargo, no le estás ofreciendo el aprendizaje de una alternativa de algo que si podría estar bien.

Los premios a su vez no son el mayor motivador para los niños. Un premio material puede tener efecto la primera vez que lo empleas, pero las próximas ocasiones, ya pierde su potencia. Siempre se ha de recordar que el mejor refuerzo positivo que le puedes dar a tu hijo es su reconocimiento.

 

Educar en inteligencia emocional es el resultado de cómo afrontamos las diferentes circunstancias cotidianas.

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